La guerra de la gripe

La Consejería de Sanidad y Servicios Sociales pondrá en marcha el próximo día 14 de octubre la campaña anual de vacunación contra la gripe, que se extenderá hasta el 30 de noviembre.
Esta campaña va dirigida en la comunidad a las personas incluidas en los grupos de población recomendados: los que tengan una edad de 60 años en adelante…

¡Ya estamos otra vez!” piensa el abuelo López. A buscar un sitio distinto al del año pasado para poder esconder el periódico de hoy. El abuelo López es muy contrario a ponerse la vacuna contra la gripe, y todos los años tiene la misma discusión con la abuela, y con toda su familia. “Pónte la vacuna, pónte la vacuna”, le dicen todos. “¡Serán pesados!”, piensa el abuelo López, mientras recorre toda la casa en busca de un lugar “seguro” para el periódico.

En la cocina está el resto de la familia preparada para comer, y la abuela revolotea entre todos ayudando a preparar la mesa. En el momento en que todos están a punto de sentarse a la mesa, la radio anuncio a voz en grito: “¡hoy comienza la campaña anual de vacunación contra la gripe!”. “!Cachisenlamar!”, piensa el abuelo, no se había acordado de “la chicharra”, como él llama a la radio. Esa chivata ya había soltado la bomba nacional. En el mismo momento en que se dice la noticia, ¡comienza la fiesta!. La abuela le dice a su marido que mañana mismo van a ponerse la vacuna, el abuelo reponde que “nanay de la china”; la abuela le echa una mirada amenazadora, y el abuelo no se amedrenta y se cruza de brazos. ¡Es la guerra!

La comida sirve para conciliar los ánimos. Entre todos hablan de los pros y los contras de vacunarse. Los hijos de los abuelos, les comentan que es muy recomendable vacunarse a partir de cierta edad. Los nietos obviamente, están muy fuertes, por lo que ellos quedan fuera de una posible vacunación, pero participan activamente en la discusión. ¡Es tan divertido ver a los abuelos no dar su brazo a torcer!

El abuelo López dice que él se la puso un año, y lo pasó fatal. La abuela le responde que peor habría sido si no se la hubiese puesto. El abuelo dice que toda la vida ha vivido sin esa vacuna, a lo que la abuela le responde que no toda la vida ha tenido más de 60 años. ¡Ufffff! Cuando se ponen así, son imposibles.

Al final parece que hay un acuerdo posible: este año el abuelo y la abuela se vacunarán. Si el abuelo lo pasa mal, el año que viene la abuela le ha prometido que no le dará la tabarra para que se vacune…. Pero de momento, tal y como piensa la abuela López, ¡ha ganado la batalla!. Sin embargo, el abuelo López piensa que todavía puede para ganar la guerra.

¡Menudo par!

vacuna

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Una noche romántica

Hoy los abuelos López están de noche romántica. El resto de la familia se ha ido a la bolera, y el abuelo lo ha dispuesto todo para asombrar a su mujer.

Con toda la prole circulando por la casa, son pocos los momentos que tienen los dos ancianos para estar solos, hacerse arrumacos, y robarse mutuamente algún que otro beso, como cuando eran jóvenes. ¡Ay los besos robados! Esos eran los mejores… y siguen siendo los más especiales.

El abuelo López se ha apresurado a echar directamente a toda la familia de casa, a eso de las seis de la tarde. Mientras la abuela está poniéndose guapa en la peluquería, el abuelo prepara la mesa: el mantel preferido de la abuela, la vajilla de los días de fiesta, las copas “buenas” para el cava… El abuelo López sonríe, y piensa que la abuela en cuanto toma una copichuela, ya se pone piripi, y muy, muy cariñosa. ¡El abuelo esta noche lo va a pasar de cine!

Cuando la abuela viene de la peluquería, el abuelo está terminando de ponerse la corbata. “¿Es para tanto?” pregunta la abuela a su marido al verle tan elegante. El abuelo, le mira risueño y le dice: “siempre es para tanto contigo”. Ohhhhhhhhhh! Esa respuesta da de lleno en el corazoncito de la abuela!. Como una quinceañera coqueta, la abuela corre a la habitación y saca el último vestido que se ha comprado. Lo conjunta elegantemente con el collar que su marido le regaló hace años, y que a ella tanto le gusta. ¡Perfecta! Simplemente está perfecta.

Cuando aparece por la puerta el abuelo se queda boquiabierto, anonadado. ¡Pero qué guapa está su mujer! El abuelo coge suavemente de la mano a su mujer, y le dice “algo tuve que hacer yo en otra vida, para haber tenido tanta suerte en esta y tenerte junto a mi”. Ohhhhhhhhhhhhhh! Otra vez el abuelo se marca un pleno al quince. Esta noche el abuelo ha desplegado la artillería pesada. Esta noche el abuelo quiere algo… y su mujer no se lo va a poner muy difícil. Ella también está boquiabierta con su marido. La abuela López piensa que una corbata en un hombre hace maravillas maravillosas.

Cenan, beben, ríen, conversan, se quieren y se aman… con todas las letras.

Los abuelos López son una pareja activa sexualmente, que disfruta al máximo de esos momentos, cada vez más escasos, pero llenos de sentimiento y placer. Lo viven y lo disfrutan con una madurez que no muchos saben entender. No es el caso de la familia de los abuelos López, que se entretienen más de la cuenta jugando a los bolos, para que el matrimonio mayor disfrute de ese amor, que hoy todavía perdura en toda su plenitud.

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La importancia de sentir, vivir y entender la sexualidad en la tercera edad
La sexualidad se vive en diferentes etapas de la vida. La tercera edad es una de esas etapas, donde la sexualidad se vive de una forma diferente, con experiencias particulares y matices personales.
Hay que alejarse de prejuicios y tabús convencionales y tradicionales, para seguir alimentando el cariño, el sentimiento, el deseo, el afecto, la complicidad de la pareja y el romanticismo que tantos y tantos matrimonios hoy por hoy, mantienen más que vivo.

Oir campanas, y no saber dónde

Hoy la abuela López se ha propuesto que el abuelo vaya a hacerse una revisión de oído… ¡¡¡está más sordo que una tapia!!!

El abuelo no quiere oír hablar ni de revisiones, ni de posibles aparatos del oído. Él oye perfectamente; lo que pasa es que a veces no presta la suficiente atención, y por eso según él, no oye todo lo que le dicen.

Pero la abuela tiene sus razones para querer que su marido vaya al centro de audición a que le hagan un estudio en profundidad. El otro día nada más y nada menos, mientras preparaba la paella necesitó la ayuda de su marido y le dijo: “abuelo acércame el azafrán”. Raudo y veloz, el abuelo que quiso complacer a su esposa se presentó con el delantal en la mano… ¿delantal? “¡Abuelo! Te he dicho que me pases el azafrán, no el delantal”. La abuela rió a más no poder… pero también se quedó preocupada por su marido, que se enfadó mucho tanto por la risa de su mujer, como por su equívoco.

Hoy, convencida de acompañar a su marido al centro de audición, le dice antes de salir a la calle: “¿Ha refrescado?”. El abuelo ojiplático le responde a su mujer: “¿Para qué voy a querer yo ahora pescado?”. La abuela, con una sonrisa de oreja a oreja, se acerca a su marido y le dice: “Tú y yo nos vamos ahora mismo a que te vean esos oídos, que me montas una pescadería en menos que canta un gallo”.

El abuelo no tiene escapatoria, esta vez ni siquiera ha oído campanas. Asiente a su mujer y mientras se dirigen al Centro de audición piensa que si consigue oír mejor todo lo que hablan a su alrededor, podrá intervenir en las conversaciones, cosa que muchas veces no hace, porque no se entera de lo que habla su familia.

Cuando el matrimonio abre la puerta del establecimiento, el abuelo sonríe de oreja a oreja y piensa: “Ahora se van a enterar todos éstos. ¡No se me va a escapar ni un cuchicheo!.

Es importante realizar revisiones periódicas de audición a partir de que empecemos a sentir que perdemos audición.
Un déficit en la audición, puede provocar una mala interpretación de lo escuchado; y posteriormente una errónea interpretación de lo ya escuchado. Esto puede desencadenar en errores de interpretación, enfados, etc…
Con una audición no revisada se adquieren malos hábitos como: exceso de volumen en radios y tv, reiterar excesivamente repeticiones, etc.
En el ejemplo de los López, con una audición reducida, se pierde comunicación en la pareja.

Beethoven

Imagen tomada de Wikimedia Commons

El remedio contra los dolores: la natación

Hoy el abuelo López se ha levantado con: dolor de rodillas, dolor de brazos, dolor de piernas, dolor de manos, dolor de todo. Le duelen hasta las pestañas. La abuela está con alguna que otra molestia, pero nada grave.

El abuelo se ha levantado de mala gana, y lo primero que ha decidido es ir a visitar a su médico de cabecera. Esto no puede seguir así; algo tiene que haber que le quite todos los dolores que siente.

Después de una breve charla con la telefonista del ambulatorio, y dejándole bien claro que lo suyo es urgente porque tiene demasiados dolores, ha concertado una cita para las 11 de la mañana. Hay tiempo. Sigue sus hábitos diarios: la ducha, hacer la cama aunque duelan los riñones, desayunar junto a su mujer, recoger y fregar los utensilios de toda la familia, despedir a los nietos que se van al colegio, y listo para ir al médico.

Los abuelos se dirigen al centro casi con media hora de antelación. Siempre es mejor llegar antes. Allí esperan, esperan y esperan hasta que el médico les hace pasar. A la pregunta inconsciente de: “¿qué les sucede?”, el abuelo López empieza a narrar detalladamente toda una lista interminable de dolores. Ni la lista de la compra del mes  podría ser tan extensa. El médico asiente a todo lo que el abuelo le cuenta, y después de un buen rato responde: “Básicamente usted tiene dolores musculares, y de huesos, verdad?”. El abuelo, molesto con tan simple apreciación responde que “básicamente no”. Sus dolores no son básicos, ¡faltaría más! El abuelo López le dice a ver si no le puede recetar algo para esos dolores. Por la mirada que le echa el médico, intuye una respuesta que no le va a convencer demasiado.

El médico le dice que antes de inclinarse por algún medicamento, “le recomendaría  la práctica de la natación como actividad suave, pero a la vez beneficiosa“. Al abuelo López se le empieza a poner la frente roja, las orejas más rojas, la vena del cuello (esa que se le hincha cuando se enfada), parece que le va a estallar. La abuela que le conoce mejor que nadie, le agarra de la mano, le mira dulcemente y asiente a su marido con la cabeza. Esos ojos tranquilizan. Esa mirada, apacigua. Quizás el médico tenga razón: la natación le vendrá bien.

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Los abuelos salen del ambulatorio y ya en la calle la abuela le dice a su marido que antes de ir a casa, se van a pasar por una tienda de deportes a comprar dos trajes de baño. ¿Dos? La abuela mira a su marido y le dice: “no te creerás que te voy a dejar solo en una piscina llena de jóvenes nadadoras, ¿verdad?”.

Beneficios de la natación
– Realizamos un trabajo cardiovascular muy importante. La sangre fluye por todo el cuerpo, favoreciendo la irrigación de todas las zonas.
Trabajo pulmonar: conseguiremos que la capacidad para respirar, los pulomes, cojan más oxígeno; lo que nos permitirá tener más resistencia conforme vayamos practicando con asiduidad.
Trabajo muscular. La natación permite no forzar en exceso las articulaciones, debido a que en el agua nos encontramos en un ambiente más protegido y fuera al alcance de golpes.
– Sin duda conseguiremos relajarnos.
– Realizar este deporte como actividad diaria, hará que se cree una rutina muy beneficiosa.
– La práctica de cualquier deporte, en este caso un poco de natación, proporciona alegría.

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La familia al completo

Todas las grandes y las buenas historias se forjan alrededor de un fuego, con un buen bizcocho casero y al arrullo de la familia.

Recuérdame que recuerde: La familia

La familia utiliza todo su poder para proteger a sus miembros, mantenerlos seguros, darles apoyo cuando están desanimados, alentarlos cuando están inseguros, y cuidarlos cuando están enfermos.

Los López, con sus más y con sus menos son así. Quizás excesivamente protectores, peligrosamente cuidadosos, pero enormemente atentos con el abuelo y la abuela. El anciano matrimonio llevan casados muchos, “demasiados” años tal y como suele decir en broma el abuelo. Los dos están bien, con sus achaques, sus dolores diarios, sus quejas, pero son el alma mater de la familia.

Los López se afanan por ayudarles de manera que todas y cada una de las actividades que se planean es para hacerlas todos juntos, abuelos incluidos. Si hay que ir a ver el partido del nieto hasta la ciudad vecina, se va; si hay que echar una mano a la pequeña de la casa con las mates, se le echa; si el yerno necesita que le instruyan a la hora de hacer una chapucilla, el abuelo es el mejor.

Los abuelos son un tesoro que todas las familias deberían tener. Sin ellos las historias carecen de aventura, los malos no serían tan villanos y los buenos no llegarían a ser héroes.