La vuelta al cole

Miguelito no ha hecho siquiera empezar el cole, ¡y ya tiene deberes!

La profesora les ha mandado hacer una redacción sobre las vacaciones. Debe hablar de lo que más le ha gustado de sus vacaciones, y debe poner un título a su redacción.

Miguelito tiene un gran dilema, ¿qué es lo que más le ha gustado de las vacaciones? “Puffff”, piensa Miguelito, “¡en un folio no me va a caber!”. “¡Ya lo tengo!, la abuelita Marta, seguro que me ayuda a resolver mi gran dilema”, dice en alto, mientras se dirige papel y lápiz en mano, hacia la sala donde se encuentra su abuela.

Marta, que descansa tranquilamente, no advierte la presencia de su nieto. Después de unos 10 segundos “nota” que se le clavan dos ojos en su cuello. Cuando mira, se encuentra a su nieto sonriendo de par en par. “Uyyyy”, piensa Marta “algo quiere este bribón”. Apaga la tele y cuando le va a decir algo a su nieto, Miguelito pregunta: “abuela, ¿A ti qué es lo que más te ha gustado de las vacaciones?”. “¡Jolines!”, piensa Marta, “ya hemos vuelto a las preguntas trampa”. Marta piensa, y lo que consigue recordar, más bien es un sentimiento de bienestar… porque recordar, recordar…

Miguelito insiste, como no podía ser de otra manera y le pregunta: “¿las piscinas del hotel abuela?, ¿o el buffet tan rico que nos ponían?, ¿o la animación por las noches?, ¿o los paseos por la playa?, ¿o los helados que nos comíamos por las tardes a la hora de la merienda?”. Marta tiene una expresión de incertidumbre en su cara, ¿tantas cosas habían hecho?. La verdad es que se acordaba de las piscinas… pero ella no se había bañado, demasiados niños saltando en un mismo sitio. El buffet sí que estaba rico; recuerda que Miguelito y ella se pusieron morados de patatas fritas. Marta se sonríe al recordarlo… pero sin duda recuerda, ahora que lo menciona Miguelito, los paseos por la playa, respirando tranquilidad… toda la tranquilidad que se puede respirar con Miguelito al lado, claro. Y esos helados que se comían de infinitos sabores…. ¡qué ricos!.

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Marta está a puntos de responderle que lo que más le ha gustado han sido los paseos, y los helados que se comía junto a su nieto. Sin embargo, una vez más Miguelito se le adelanta para decirle, “¿sabes qué abuelita? Lo mejor de estas vacaciones son todas las cosas que hemos hecho juntos.” Marta se lo come con una sonrisa que no le entra en la cara.

Miguelito coge su papel, y empieza a escribir el título de la redacción: “Lo mejor de mis vacaciones: ha sido pasarlas con mi abuelita”.

¿Qué trabajamos con la redacción?
Recordar a través de los ojos de una persona con mejor memoria todo lo vivido durante un espacio de tiempo, que aunque es cercano, para las mentes con demencias, se hace difícil revivir. Reminiscencia.

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Con el verano… ¡¡¡¡llegan las vacaciones!!!!

Miguelito no cabe en sí del gozo que tiene… ¡¡¡mañana se va de vacaciones!!!

Sin pensarlo dos veces va hasta su abuela Marta, que ve cómo su fierecilla se acerca como un huracán para agarrarse con fuerza de su mano, y tirar de ella mientras grita: “abuelitaaaaaa, mañana nos vamos a la playaaaaa”. ¡Qué pesado está el niño con la playa! Con lo poco que ella disfruta del calor y de la sofoquina que se pasa en la arena. Pero Marta se contagia de la felicidad de su nieto, y no puede sino sonreír.

Miguelito curioso como él solo le pregunta a su abuela: “Abuelita, ¿has metido tu gorra y tu traje de baño?” La abuela Marta que ya no se acuerda ni de lo que ha metido, asiente a su nieto, con la única intención de que le deje un ratito tranquila. Pero eso va a ser imposible. Miguelito, ataca de nuevo. “Abuelita, ¿de qué color es tu traje de baño?”. “¡Por Dios con el niño!”, piensa Marta, “todo el día me tiene haciendo ejercicios con la cabeza”… pero ahora que lo piensa bien… ¿ella tiene traje de baño? Marta piensa, y piensa, y llega a la conclusión que ella hace muchos, muchos años que no va a la playa, ni a la piscina. Por lo tanto, no tiene traje de baño. “¿Qué, qué, quéeeee?” Miguelito no se lo puede creer, ¿cómo no va a tener su abuelita un traje de baño? Eso es impensable. Hay que remediarlo, ¡¡¡porque mañana mismo se van de vacaciones!!!

Miguelito empieza a rebuscar en el armario de su abuela, que va cambiando del color rojo, al morado, pasando antes por toda la gama de los colorados. Observa cómo su nieto rebusca entre su ropa, pero por más que intenta que no lo haga, Miguelito quiere encontrar un traje de baño para su abuela… ¡¡seguro que tiene uno!! Su abuela jamás tira nada, así que algo, algo, encontrará.

Dicho y hecho, Miguelito da con un traje de baño, modelo años 60, que todavía conserva su estampado natural. A Miguelito no le parece demasiado bonito, pero a la abuela Marta se le cambia la cara cuando lo ve. ¡Cómo le miraban los mozos cuando se ponía aquel traje de baño!, recuerda la anciana emocionada. La abuela Marta le dice a Miguelito, que no se puede poner ese traje de baño, que su cuerpo ya no es el que era entonces… y ahora tiene más cosas que esconder, que las que debería enseñar. Miguelito mira con cara de enfado a su abuela y le dice: “¿pero qué dices abuela? ¡Si tú estás más guapa cada día! Con este traje de baño vas a estar de muerte!!!!

La abuela Marta, se come entero a su nieto. ¡Qué bandido! Cómo consigue hacerla tan feliz. Está claro que la abuela Marta este verano va a pasar sus vacaciones en la playa, sofoquina incluida… pero con un traje de baño nuevo, que ya se encargará ella de comprar uno, allí donde vaya.

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¿Qué consigue Marta con la marcha de vacaciones?
Reminiscencia.
– Marta, controla su paciencia y buen temple, cuando el niño se pone insistente.
– La abuela sale de la pereza monótona, al irse de vacaciones con su nieto.
Ilusión ante un viaje de vacaciones.

Felices vacaciones!!!!
Nos vemos en septiembre!!!!

Problemas a pares

¡Jolines, esto es un rollo!” dice Miguelito;  a pesar de estar ya de vacaciones, tiene que seguir haciendo matemáticas.

Miguelito ha sacado buenas notas al final de curso, pero las mates se le resisten un poco, y su profesora le dijo a la madre de Miguelito, que sería conveniente que reforzara durante el verano los conocimientos adquiridos.

La abuela Marta aparece en la sala y regaña a Miguelito por estar pensando en babia, y no en sus deberes. Cuando el niño ve a su abuela, se le enciende una bombilla y piensa que su abuelita podría ser su gran ayuda para terminar cuanto antes su tarea, e irse a jugar con su amiga Susi. De esta marea le estaría ayudando a su abuela, ¿no dijo el médico que tenía que mantener la mente siempre activa? ¿qué mejor que hacer los deberes con él para ejercitar la mente?

¡Dicho y hecho! Es la solución perfecta: su abuela Marta le ayuda a él, él ayuda a su abuela y su madre se pondrá feliz como unas castañuelas. ¡Qué grande es Miguelito cuando se pone a pensar!

Miguelito llama a su abuela, y le pide que le eche una mano con sus deberes. La abuela Marta que se deshace por su nieto, y se siente especial porque le pida ayuda, toma asiento y le pide que le lea el problema. La abuela, enseguida empieza a hacer funcionar su cabeza y le da al niño la respuesta que necesita. Miguelito llena de alabanzas a la anciana, que se siente como la gran ganadora de uno de esos concursos de la tele. El premio: ver lo feliz que está su nieto.

Miguelito no contento con que la abuela le haya ayudado una vez, sigue poniendo a prueba la memoria de Marta con sumas, restas, seguidas… Marta está exhausta, pero contenta a la vez de que su nieto le alabe tanto. En un momento de euforia de ambos, la puerta de la calle se abre y entra la madre de Miguelito, que de manera inmediata se da cuenta de las tretas de su hijo. Miguelito explica a su madre el favor que se están haciendo la abuela y él, y que en definitiva él lo hace por mantener activa la mente de la abuelita Marta.

Marta que es gran defensora de su nieto, sale en su auxilio y explica a su hija que está haciendo de buena gana los deberes con el niño… además es una forma de mantenerse ocupada y distraída. “¿Ah si?”, dice la madre de Miguelito.

Resultado: a partir de este momento, Miguelito y Marta cuentan cada uno con sus respectivos deberes, para que puedan ir haciendo poco a poco todos los días. Y para más señas, los ejercicios de cada uno son diferentes, para que no se puedan copiar.

¡Abuela, esto es un rollo!”. La abuela Marta mira a su nieto y piensa que a pesar de que a ella no le gusta demasiado la piscina, mejor estarían allí, que haciendo los deberes…. Todo sea por ejercitar la mente…

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¿Qué se consigue con los “Problemas a Pares”?
· Efectivamente la abuela Marta ejercita su mente haciendo las cuentas sencillas que un niño le plantea. Problemas sencillos que no supongan gran esfuerzo para Marta, le refuerzan y le animan a seguir practicando.
· El trabajo en equipo con Miguelito resulta divertido.
· A pesar de que Miguelito se quiere “aprovechar” de su abuela, la ayuda que demanda de Marta, motiva a la anciana y le incita a seguir trabajando con humor.

Amigos de papel

Hoy Miguelito quiere hacer algo especial por su amiga Susi. Su amiga lo está pasando mal desde que su pez “Nemo” murió. Llora cuando su madre le deja a las puertas del colegio, llora cuando algún niño se mete con ella… ¡¡llora por todo!!

A Miguelito no le parece que sea para tanto… al fin y al cabo era un simple pez. Para Miguelito la solución sería fácil: comprar otro y punto final. Pero su abuela Marta le explica que si Susi está triste, es porque quería mucho a su pez. “¿Se puede querer taaaanto a un pez?”, se pregunta Miguelito. La abuela Marta le explica que cada uno sentimos de una manera diferente las cosas, y que lo que para él es una tontería, para otra persona puede ser terrible. La abuela Marta le recuerda a Miguelito, lo mal que lo pasó cuando su camión de juguete se rompió y lloró desconsoladamente durante una tarde entera. “¡Abuelaaaa!, que era el camión que me había regalado el tío Alberto!”. Para Miguelito, su camión roto supuso una gran pérdida. Irreparable. Entendía que para él aquello fue importante, pero seguramente no lo habría sido para su amiga Susi. A Susi no le gustan los camiones. ¡Es una chica!

Empeñado en hacer algo que alegrara a su amiga le preguntó directamente a su abuela: “Abuela, ¿Qué os gusta a las chicas?”. ¡Ay madre!, ¿cómo iba a saber la abuela Marta a su edad lo que le podía gustar a una niña de seis años? ¿Sería demasiado mayor para una muñeca? ¿Sería demasiado pequeña para regalarle una flor? ¿Qué demonios se les gustaba a los niños de hoy en día?

Miguelito, apoyado en la mesa, con los brazos cruzados, y la barbilla apoyada en sus manos, miraba con los ojos abiertos a su abuela, esperando insistentemente la Gran Respuesta.

Marta comenzó a recordar lo mucho que le gustaba a ella dibujar cuando era pequeña. Le gustaba hacer dibujos de todo tipo, para todo el mundo. Igualmente, le entusiasmaba que le regalasen alguno, donde dijera lo buena amiga que era, o la felicitaran por su cumpleaños. ¡Dicho y hecho! Marta con una gran sonrisa le dijo a su nieto: “¿por qué no le haces un dibujo con muchos colores a tu amiga y le pones algo bonito?

Ohhhhh! La abuela Marta es única. Es genial. Tiene unas ideas que nadie tiene, piensa Miguelito. Le parece que hacer un dibujo para Susi, sería genial. ¡Lo más! Encima, ya sabe qué va a dibujar.

Miguelito coge un folio, sus lápices de colores y comienza a dibujar. Después de un buen rato, la abuela Marta se le acerca y cuando ve lo que el niño está pintando, se queda de piedra. Miguelito, con mejor estilo que el de Picasso, da su toque final y dice: “¡Perfecto!”. Sin duda será algo que Susi, no podrá olvidar: un enorme cielo azul, con unos ángeles muy especiales: el camión de Miguelito y el pez de Susi…. ¿Le gustará el dibujo a su querida amiga?

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Imagen tomada de Disney.es

¿Qué trabajamos con el dibujo de Miguelito?
Reminiscencia (el recuerdo)
Empatía (ponerse en el lugar de Susi e intentar entrever qué le puede gustar)
– Se fomenta unos valores positivos al enseñar al niño, que todos tenemos diferentes formas de ver y sentir la vida.
– Se fomenta la relación entre abuela y nieto, donde a Marta se le refuerza la autoestima al poder ayudar a su nieto. A su vez, Miguelito ve en su abuela una ayuda estimable.

Persiguiendo el recuerdo de un olor

Hoy Marta ha decidido salir a dar una vuelta en vez de esperar sentada en el sofá hasta que venga Miguelito de la escuela. Le dijeron que era conveniente que anduviera, aunque sea un poquito todos los días. Después de su paseo, cogerá la merienda de su nieto e irán al parque para que el niño juegue con sus amigos.

Marta sale de casa, y se dirige por el camino que habitualmente suele ir con su hija y también con Miguelito. Marta, antes de cruzar la calle mira al semáforo, y ve que está en ámbar. Se recuerda, tal y como bien le dijo su nieto, que debe esperar. Su nieto le dio hace días una clase magistral de seguridad vial. Cuando el semáforo está en verde, Marta cruza la calle y luego gira a su izquierda. Pasea por un camino rodeada de árboles, esos que tanto le gustan a Miguelito porque ahora en primavera están llenos de hojas y flores, y al niño le encanta ver cómo se mueven con el viento. Mientras sigue con su paseo, se distrae con las hojas de los árboles. Mira lo bonitos que están los magnolios en flor… ¡qué colorido tan precioso!

recuerdame_que_recuerde_desorientacion_perdidaAbsorta en sus pensamientos, Marta vuelve a su paseo rutinario cuando se da cuenta por un momento de que no sabe dónde está. Se encuentra en una esquina, en un cruce de calles y está desorientada. Mira hacia la derecha y luego mira a la izquierda. ¿Por dónde debe seguir? ¿Es posible que se haya perdido?

En un momento en el que parece que empieza a sentir hormigueo en el estómago del nerviosismo, una ráfaga de viento le acerca el suave aroma de café recién tostado. ¡Marta recuerda ese olor! Ese aroma viene de la cafetería que está al lado de su casa, donde todos los días muelen el café por las tardes. El aroma del café logra que Marta llegue a su casa, justo al mismo tiempo que Miguelito pasa como un obús en busca de su ansiado bocadillo.

Marta piensa que no estaría de más prepararse ella otro bocadillo de chorizo de Pamplona. Su estómago no lo resistirá, pero haber sabido llegar a casa, bien merece tan grato premio.

La importancia de crear una rutina en el paseo diario
– La memoria debe tener referencias espaciales, visuales, olfativas, etc que orienten a la persona en su paseo.
– Durante los paseos diarios, antes de crear esa rutina se ha debido trabajar la conexión entre los sentidos y la experiencia (es decir, los árboles del paseo, son los que le gustan a Miguelito; y el olor a café tostado, la cafetería de al lado de su casa. También puede tratarse de un luminoso de una farmacia, etc)
– Se ha trabajado la atención, la lógica, el razonamiento y la concentración.
– Marta, mediante la rutina que ha practicado diariamente ha paliado la ansiedad que le ha producido la situación de verse perdida y/o desorientada.