Carta de Miguelito a SS.MM los Reyes Magos de Oriente

Miguelito está como loco. ¡¡¡Llegan las Navidades!!!! Miguelito piensa en todo lo que tiene por hacer: tiene que escribir una felicitación a su amiga Susi… y ¡como no!, tiene que escribir la carta a los Reyes Magos. Pero para escribir su carta, siempre le pide ayuda a su abuelita.

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Agnosognosia

Ana deja a su madre en el Centro de Día y se va con prisa a coger el autobús para ir a su trabajo. La madre de Ana entra contenta en el Centro, ¿qué harán hoy?. Bueno, la verdad es que lo primero, es lo primero, y lo que toca nada más entrar, a primerita hora de la mañana, ¡es el desayuno!.

La comida más importante del día hay que tomársela muy en serio, un poquito de zumo, un poco de mermelada para las galletas, algo de fruta… y la inestimable compañía de alguna amiga del centro.

La madre de Ana mientras degusta su desayuno escucha a su amiga que le está contando los últimos avances en su “no enfermedad”. La amiga le dice que no entiende por qué sus hijos están tan preocupados con ella, si en realidad está perfectamente, y tampoco se le olvidan tanto las cosas. La amiga de Ana le cuenta enfadada que ayer estuvo en el médico y que el médico le dijo que tenía Alzheimer. “Ese médico está mal de la cabeza”, dice la amiga. “Todos están empeñados en decir que ya no tengo memoria”. Pero lo peor no es que le dijera eso, sino que “ahora me dicen que tengo agnosognosequé”. “Agnosognosia”, le dice una auxiliar que en ese momento les estaba sirviendo zumo. Las dos ancianas se vuelven y sonríen a la auxiliar. Ambas piensan que estas chicas son como ángeles caídos del cielo, que les ayudan en todo lo que ellas necesitan; como ahora: en decir una palabra que no sabían.

La madre de Ana pregunta a su amiga qué es esa nueva enfermedad, si es muy grave… tampoco ella la conoce, pero por el nombre que tiene, no augura nada bueno. Su amiga niega con la cabeza y le dice que sus hijos no le dieron especial importancia… “¡pero chica!, se emperran en decirme que tengo esto y lo otro, y yo no tengo nada. Estoy la mar de bien y la memoria, la tengo intacta!”. Parece haber acabado con su desayuno y la amiga se va.

La madre de Ana sigue desayunando tranquilamente. Ahora, un poco de fruta, y termina con su mejor comida del día. Está a punto de partir un kiwi, cuando de repente otra vez se sienta su amiga al lado, y le dice: “¿habrá que desayunar, no?”. La madre de Ana le mira extrañada, porque hace cinco minutos que había acabado con su desayuno… Acto seguido e interrumpiendo sus pensamientos, le empieza a contar que ayer estuvo en el médico, y que le había dicho que tenía además de Alzheimer una nueva enfermedad con nombre muy raro y blablabla…

A la madre de Ana le queda algo claro, su amiga, Alzheimer tiene, aunque no lo quiera reconocer; y lo otro, la agnosognosia, no sabía qué era, pero si el médico le había dicho que también lo tenía, no andaría desencaminado.

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Imagen tomada de elmolinoonline.com

¿Qué es la agnosognosia?
La agnosognosia es negar por parte del enfermo la enfermedad que padece. No tiene otro síntoma que la negación de la realidad, y su curación pasa por la aceptación de dicha enfermedad. Sin duda, es una tarea fácil de decir, pero en muchos casos, complicada de realizar.

¿A qué huelen tus recuerdos?

Metidos de lleno en la vorágine del día a día, de las prisas y del estrés, son pocos los momentos en que nos decidimos a echar la vista atrás y disfrutar de lo que hemos hecho, de dónde hemos llegado, de lo que somos y de lo que tenemos.

A veces, inconscientemente hacemos esa labor bien por cosas que vemos que nos hacen recordar “aquellos maravillosos años”, o por un olor que nos transporta casi físicamente a otro lugar, en el que sin duda fuimos muy felices. El olfato nos puede ayudar a recordar momentos, vivencias y revivir sentimientos que teníamos olvidados en la memoria, pero que sin duda perduran en el recuerdo.

Trabajar el olfato en enfermedades como el Alzheimer y otras demencias, pueden ayudar de manera muy positiva a los pacientes. Trabajar los olores, permitirá a los enfermos  mantener la capacidad olfativa activa; igualmente, mediante la estimulación a través de diferentes olores, se puede diferenciar entre conceptos cognitivos tan diferentes como bueno y malo, agradable-desagradable o rico y malo.

Los olores y sus recuerdos nos permiten trabajar el lenguaje y mantener una comunicación expresando, en la medida de lo posible, lo que viene a nuestra mente. Si además esa comunicación se realiza en grupo, se interactúa con el resto de los integrantes, con los que se pueden intercambiar opiniones, vivencias, experiencias, etc.

Trabajar el olfato es un ejercicio sencillo que ayudará a recordar y evocar lugares, sentimientos, personas, acontecimientos etc.

¿Quién no se ha transportado a un lugar muy remoto, escondido en los confines de la memoria, al oler repostería recién hecha?

Un niño pequeño, mira con cara de asombro en la repostería de un pueblo, a un hombre vestido con su mandil blanco, y la cara manchada de harina, sacar con una gran espátula de madera, una hornada de pasteles recién hechos… ummmm… ese olor es especial, irrepetible, e inconfundible para el recuerdo.

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Imagen tomada de corazondealcachofa

La guerra de la gripe

La Consejería de Sanidad y Servicios Sociales pondrá en marcha el próximo día 14 de octubre la campaña anual de vacunación contra la gripe, que se extenderá hasta el 30 de noviembre.
Esta campaña va dirigida en la comunidad a las personas incluidas en los grupos de población recomendados: los que tengan una edad de 60 años en adelante…

¡Ya estamos otra vez!” piensa el abuelo López. A buscar un sitio distinto al del año pasado para poder esconder el periódico de hoy. El abuelo López es muy contrario a ponerse la vacuna contra la gripe, y todos los años tiene la misma discusión con la abuela, y con toda su familia. “Pónte la vacuna, pónte la vacuna”, le dicen todos. “¡Serán pesados!”, piensa el abuelo López, mientras recorre toda la casa en busca de un lugar “seguro” para el periódico.

En la cocina está el resto de la familia preparada para comer, y la abuela revolotea entre todos ayudando a preparar la mesa. En el momento en que todos están a punto de sentarse a la mesa, la radio anuncio a voz en grito: “¡hoy comienza la campaña anual de vacunación contra la gripe!”. “!Cachisenlamar!”, piensa el abuelo, no se había acordado de “la chicharra”, como él llama a la radio. Esa chivata ya había soltado la bomba nacional. En el mismo momento en que se dice la noticia, ¡comienza la fiesta!. La abuela le dice a su marido que mañana mismo van a ponerse la vacuna, el abuelo reponde que “nanay de la china”; la abuela le echa una mirada amenazadora, y el abuelo no se amedrenta y se cruza de brazos. ¡Es la guerra!

La comida sirve para conciliar los ánimos. Entre todos hablan de los pros y los contras de vacunarse. Los hijos de los abuelos, les comentan que es muy recomendable vacunarse a partir de cierta edad. Los nietos obviamente, están muy fuertes, por lo que ellos quedan fuera de una posible vacunación, pero participan activamente en la discusión. ¡Es tan divertido ver a los abuelos no dar su brazo a torcer!

El abuelo López dice que él se la puso un año, y lo pasó fatal. La abuela le responde que peor habría sido si no se la hubiese puesto. El abuelo dice que toda la vida ha vivido sin esa vacuna, a lo que la abuela le responde que no toda la vida ha tenido más de 60 años. ¡Ufffff! Cuando se ponen así, son imposibles.

Al final parece que hay un acuerdo posible: este año el abuelo y la abuela se vacunarán. Si el abuelo lo pasa mal, el año que viene la abuela le ha prometido que no le dará la tabarra para que se vacune…. Pero de momento, tal y como piensa la abuela López, ¡ha ganado la batalla!. Sin embargo, el abuelo López piensa que todavía puede para ganar la guerra.

¡Menudo par!

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