La magia de Antonio

Antonio y Marcial están disfrutando de los reconfortantes rayos del sol. El sol cura, sana y además nos llena de buen humor. Así también a Antonio y Marcial. Con su amistad labrada a lo largo de los años, ya no necesitan hablar para sentirse bien. Casi con la mirada saben comunicarse, allí, en su banco preferido, mirando cómo pasan los coches.

El ir y venir de los vehículos les entretiene como buenos mecánicos que fueron. Siguen admirando las viejas glorias, y alaban las nuevas invenciones. De repente entre tanto coche, hay uno que se para interrumpiendo bruscamente el tráfico.  ¿No es el conductor del coche que se ha parado el vecino de arriba de Antonio que siempre va a toda prisa?

Marcial se acerca hasta el coche del vecino de Antonio. Un Toyota… “bah, un coche de esos modernos”, piensa Marcial. Cuando se acerca Antonio dice “Bah, un coche de esos modernos”. Ambos se ríen.

Con permiso del vecino, Antonio abre el capó y Marcial intenta arrancar el coche. Nada mejor que la experiencia de dos exmecánicos de tanques en la mili, para hacer maravillas con la tecnología japonesa.

El primer intento de arranque de Marcial, ha sido fallido. Antonio por su parte está mirando fijamente el motor del coche. Un bólido de última generación… parece que lo había juzgado mal.

Y como siempre, a la tercera va la vencida. Marcial le pone todo el empeño… pero ni a la tercera, ni a la cuarta, ni a la quinta… Marcial se acerca a Antonio y le dice: “esto está ahogado, muerto… caput. No hay nada que hacer”.

El vecino de Antonio se queda blanco. Les explica que tiene una reunión súper importante, y tiene que llegar como sea. Los dos exmecánicos se ponen a elucubrar. Para ellos es  un reto, una prueba… es un órdago a lo grande. Marcial mira a su amigo y le dice: “¡Vamos Antonio, por los viejos tiempos!. Vamos a obrar un milagro de los nuestros”.

Antonio se sonríe, y fiel a su carácter refunfuñón y siempre cabezón, con la navaja multiusos en mano se dispone a hacer un “algo” en el motor. Su vecino, que miraba atentamente, se fija que el pulso de Antonio no se parece en nada al suyo. Recordó entonces que Antonio tenía Parkinson… nadie lo diría, porque a pesar de que su pulso no fuera firme, su audacia y destreza en el uso de la navaja, dejaba claro que había sido un excelente mecánico y manitas.

Antonio saca el relé de arranque de aquel coche con la punta de su navaja multiusos, sopla y limpia toda la suciedad adherida a la pieza. Vuelve a colocar la pieza en su lugar y dice: “¡¡¡Arranca Marcial!!!” ………y Marcial, arrancó.

Todo sea por los viejos tiempos…

 recuerdame_que_recuerde_amistad_compañerismo_autoestima_reminiscencia_memoria

¿Qué se trabaja en el transcurso de la historia?
· Se fomenta un vez más la amistad de dos personas mayores que se apoyan mutuamente en el día a día.
· El trabajo en equipo y conjuntamente les hace mejorar la autoestima tanto a Antonio como a Marcial, más si cabe cuando las cosas salen bien. Además ayudan a una persona externa a ellos, y eso les hace sentir bien.
· Recuerdan y practican lo ya aprendido y experimentan nuevas sensaciones.
· A pesar de que Antonio padece una enfermedad, todavía es capaz de realizar muchas tareas relacionadas con su experiencia en la vida.

Un bastón de mando

Antonio ha quedado con Marcial para tomar su cafelito de los jueves. Begoña, su cuidadora, suele aprovechar este momento “de viejas glorias guerreras” para ir al súper de la esquina y comprar a Antonio lo que suele necesitar.

Antonio y Marcial hablan tranquilamente de aquellos maravillosos años en los que el pelo, todavía hacía acto de presencia en sus ahora cada vez más calvas cabezas, y la lozanía podía con todo. Eran ágiles, eran precisos en sus movimientos, tenían equilibrio y eran guapos. Bueno, ahora según ellos, todavía están de muy buen ver. Son todo un partidazo, con sus achaques, pero un partidazo.

Antonio comenta alicaído que últimamente  pierde más el equilibrio de lo normal. Tropieza tontamente y tiene miedo de caerse y hacerse daño. Marcial propone a su amigo comprarse un bastón. “¿Un bastón? ¡Marcial, todavía soy joven para llevar bastón!” ¡Eterna coquetería!, que no desaparece ni siquiera cuando uno ya es octogenario.

Ambos amigos se quedan pensando dubitativos y entonces Marcial le dice a Antonio: “¿Te acuerdas de las muescas que Jhon Whayne hacía a su pistola en las películas que veíamos?”. Antonio mira a su amigo pensando que él falla en el equilibrio, pero su amigo no anda lejos en otros aspectos. Antonio no comprende, pero Marcial tiene una lógica y rápida explicación. Igual que Jhon Wayne personalizaba su pistola con muescas, Antonio también podría personalizar su bastón, de manera que no fuera un simple bastón. Sería EL BASTÓN DE ANTONIO. Un bastón con nombre y apellido.

A Antonio le gusta la idea: “su bastón de mando”, como en la mili.
Le gusta.
Lo visualiza.
Lo quiere.
Lo necesita.

Un bastón de mando

Pero entonces llega la gran pregunta, ¿cómo se hace un bastón a medida y a gusto de Antonio? Marcial se va a encargar de comprar la mejor madera para hacer un bastón: madera de cerezo. Luego hay que tallarlo, con los motivos que Antonio quiera, y tiene que ser un buen tallador el que lo haga. Marcial se va a ocupar también de enviarlo a tallar a un amigo de confianza. Marcial hará cualquier cosa para que su gran amigo se sienta mejor. Para que los achaques que poco a poco le van sobreviniendo, le resulten más livianos. Todo es poco para Antonio.

Llega Begoña después de hacer las compras y nada más aparecer Antonio le dice: “Ya tengo solución para mi pérdida de equilibrio: Marcial me va a hacer un bastón de mando. A partir de ahora, veremos quién manda a quién hacer las cosas”; y ambos amigos se echan a reir.

Begoña no entiende, pero cuando las mentes de Antonio y Marcial empiezan a funcionar juntas y al unísono, mejor mantenerse alerta, muy alerta. Algo se avecina.

¿Qué consigue Antonio con su bastón de mando?
– Mejorará en su equilibrio.
– Le dará seguridad y confianza a la hora de pasear. Se refuerza la autoestima.
– La personalización de su bastón hará que lo reconozca más fácilmente.