Ayudas técnicas para la tercera edad (parte II)

En un post anterior Begoña, la cuidadora de Antonio, aconsejaba a una vecina sobre las ayudas técnicas que mejor podrían ajustarse a las necesidades de los padres de ésta. Antes de hacer un listado de todo lo que hubiera podido adquirir su vecina, analizaron las necesidades o carencias que tenían cada uno de los padres y en función a ello Begoña, propuso una serie de elementos.

Es importante que antes de embarcarnos en la compra de productos “fantásticos” que no se ajustan a nuestras necesidades ni a las de nuestros padres, madres y ancianos, analicemos detenidamente una serie de factores, como paso previo a la adquisición de dichos productos.

1.- Valorar las posibles necesidades que se puedan tener de cara al futuro cercano.
· ¿Necesidad de una cama articulada?
· Disponer de  accesos cómodos a  la vivienda (accesibilidad sin trabas arquitectónicas): aceras, portal, ascensores, interior de la casa.
· Vehículo más especioso, adaptado, etc.

2.- Analizar cuáles son las propias características de nuestras necesidades sobre la ayuda técnica a conseguir.
· Bastones: aquellos que proporcionen mayor ergonomía a la mano, para que no se deteriore, ni se deforme.
· Puertas de casa estrechas (para sillas de ruedas).
· Ascensor si/no. Pequeño o espacioso.
· Hay que tener en cuenta qué tipo de acceso dispone nuestra vivienda para que puedan acceder hasta ella ambulancias, u otro vehículo adaptado (servicio de urgencias), en caso de necesidad.

3.- Calcular un presupuesto aproximado para una previsión y posible ejecución. (Es aconsejable pedir más de un presupuesto para poder comparar.)

4.- Conocer lugares, asociaciones, etc. que tengan servicio de ayudas técnicas de segunda mano o alquiler. También podemos echar mano de esta gran herramienta que es Internet, que nos puede sacar de más de un problema.

Además de todas estas recomendaciones, antes de embarcarse en la compra de cualquier producto, ya sea de mayor o menor envergadura (hablamos de un bastón, de una silla de ruedas o de una grúa para cambio postural), es importante no sólo conocer la impresión del vendedor, sino la de los usuarios de dicho producto, o la de los profesionales del medio (centros de día y/o residencias) que nos puedan aconsejar sobre su uso. Al fin y al cabo, estos profesionales son los que nos darán una orientación real de este producto, respecto a nuestras necesidades, que son en última instancia las de nuestros seres queridos.

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Imagen tomada de  la web ortoweb.com

De compras para nuestros mayores

A Begoña, hoy se le ha hecho más tarde que nunca. Se ha entretenido haciendo las tareas de su casa y va como alma que se la lleva el diablo, corriendo a casa de Antonio. En el camino, una de sus vecinas le para en seco y le hace una pregunta que es imposible contestar en 2 minutos: “¿qué necesito comprar a mis padres de este catálogo de bastones, adaptadores, etc?

Begoña le dice a su vecina que mejor quedan por la tarde, y que tranquilamente hablarán más que de las ayudas técnicas, de los problemas y necesidades que tienen sus padres, para de este modo averiguar qué es lo que más les conviene. La vecina de Begoña se queda más que convencida con la respuesta, ya que si fuera por sus padres, se habría ido a la tienda y hubiera comprado de todo: bastones, andadores, dos camas articuladas… Todo es poco para sus padres, pero también es cierto que hay que comprar con cabeza.

Después de una jornada en la que Antonio ha estado más tranquilo de lo normal, Begoña acaba su trabajo y se va a la cafetería de siempre a charlar con su vecina, que le espera impaciente para que le oriente en su compra.

Después de darse dos besos, Begoña anima a su vecina a que le cuente cómo se encuentran sus padres, cuáles son sus dificultades, sus necesidades y lo más importante: en qué se ven ellos imposibilitados. La vecina de Begoña comienza por contarle que tanto su padre como su madre andan de manera torpe, la edad no perdona y eso se nota a la hora de caminar y moverse. Begoña asiente y piensa: dos bastones.

La vecina sigue contando que su madre desde la operación de rodilla que tuvo hace ya años, muchas veces se resiente, se le hincha según haga demasiado calor, o le duelen los huesos, si hace demasiado frío. Su padre por el contrario, está muy afectado por el reuma que sufre y los dolores, en muchas ocasiones, se vuelven insoportables. Ambos duermen en la misma cama, pero muchas veces las dolencias de uno, afectan al otro y viceversa… y el descanso a estas edades, también es muy importante. Begoña piensa que una buena solución podría ser comprar dos camas articuladas, ajustadas a las necesidades tanto del padre como de la madre… pero esas camas no son baratas, a pesar de que dan muy buenos resultados.

Finalmente la vecina de Begoña le cuenta lo cascarrabias que se están volviendo su padre y su madre con el paso del tiempo. Begoña sonríe y le dice: “querida amiga, para eso, no hay ayuda técnica que valga. La solución es la paciencia infinita”. Ambas se miran y ríen ante la ocurrencia de Begoña.

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Imagen tomada de latiendadelabuelito.es

Las ayudas técnicas
Al referirnos a ayudas técnicas, hablamos de: bastones, sillas de ruedas, andadores, camas articuladas, plataformas de acceso a vivienda, vehículos especiales para minusválidos, adaptaciones de vehículos, cambiadores eléctricos, grúas para elevación del anciano, etc.
Antes de adquirir cualquiera de estos elementos, hay que tener en cuenta:
No excederse en necesidades innecesarias ( por si acaso…)
Aprovecharse de ayudas que se pueden conseguir sin sobrecoste.
Conocer centros, asociaciones (entornos sociales) que nos puedan servir de cara a futuro.
– Cubrir unas necesidades básicas y en el momento en que surja una nueva necesidad, tenerla prevista.
Mejor entendimiento y mayor tranquilidad ante las diferentes situación que surjan de cara a la vejez.
Intercomunicación social.
Aceptación de ayuda.
Ahorro de dinero.