3 claves para hablar con nuestro anciano (La comunicación verbal)

En una entrada anterior tratamos el lenguaje no verbal del cuidador hacia su anciano. Hablamos de la importancia que tiene utilizar gestos adecuados, mirarle a los ojos, etc.

En este nuevo post continuamos ahondando en otros aspectos, también importantes, de la comunicación del cuidador con su anciano. Hablaremos de la comunicación verbal centrándonos en tres aspectos: entonación, volumen de voz y comprensión. Debemos prestar especial atención a estos tres puntos, ya que aunque parezcan irrelevantes, su buen uso pueden ayudar mucho en el día a día, y lo más importante: ayudará enormemente a tratar con la persona mayor que tenemos a nuestro cargo.

telephone

Es importante utilizar una buena entonación, utilizando un tono afable, cortés, amigable,  cercano…  En definitiva debemos utilizar un tono positivo, trabajando la empatía. Con estas simples acciones favorecemos que nuestra persona mayor esté más receptiva, y con actitud abierta a lo que le vayamos a exponer.

Unido al punto anterior es importante controlar nuestro volumen de voz. Muchas veces hablamos demasiado alto porque nuestros ancianos dicen que no nos oyen. Es cierto que la mayoría ya sufren una sordera importante, pero muchas veces es la falta de atención la que provoca que no nos hagan caso. En otras ocasiones son nuestras propias frustraciones las que hablan por nosotros, y reflejamos dichos sentimientos, en la forma y el volumen con el que hablamos. Un mal día en el trabajo, la falta de atención de la persona a la que nos dirigimos o que simplemente ese día estamos enfadados con el mundo, hacen que nuestro volumen sea demasiado alto, y esto altera y repercute en nuestro mayor.

Tenemos que tener en cuenta que la comprensión cuando la audición es reducida, y/o cuando se sufre algún tipo de demencia, no está al cien por cien. Por ello debemos utilizar frases cortas, sencillas, directas y usando un lenguaje sencillo (no simple). También es muy importante que las preguntas que les hagamos, las convirtamos directamente en respuestas; es decir, les ofrecemos soluciones y evitamos que se planteen problemas. Es decir, es mejor plantearles la situación de: “será mejor que cojamos el color amarillo para pintar el sol, ¿verdad?”; que no preguntarles: “¿con qué color pintarás el sol?”. Les ponemos innecesariamente en una situación complicada, y por ello es mucho mejor para ellos, evitar este tipo de compromisos.

Con estas tres directrices acerca de la comunicación verbal empezamos un nuevo capítulo que iré ampliando en post posteriores. De momento nos quedamos con:
– dirigirnos con una buena entonación.
– usar un correcto volumen de voz.
– utilizar frases cortas y palabras sencillas.
– no realizar “preguntas trampa”. Realizamos preguntas entonándolas como respuestas.