Un bastón de mando

Antonio ha quedado con Marcial para tomar su cafelito de los jueves. Begoña, su cuidadora, suele aprovechar este momento “de viejas glorias guerreras” para ir al súper de la esquina y comprar a Antonio lo que suele necesitar.

Antonio y Marcial hablan tranquilamente de aquellos maravillosos años en los que el pelo, todavía hacía acto de presencia en sus ahora cada vez más calvas cabezas, y la lozanía podía con todo. Eran ágiles, eran precisos en sus movimientos, tenían equilibrio y eran guapos. Bueno, ahora según ellos, todavía están de muy buen ver. Son todo un partidazo, con sus achaques, pero un partidazo.

Antonio comenta alicaído que últimamente  pierde más el equilibrio de lo normal. Tropieza tontamente y tiene miedo de caerse y hacerse daño. Marcial propone a su amigo comprarse un bastón. “¿Un bastón? ¡Marcial, todavía soy joven para llevar bastón!” ¡Eterna coquetería!, que no desaparece ni siquiera cuando uno ya es octogenario.

Ambos amigos se quedan pensando dubitativos y entonces Marcial le dice a Antonio: “¿Te acuerdas de las muescas que Jhon Whayne hacía a su pistola en las películas que veíamos?”. Antonio mira a su amigo pensando que él falla en el equilibrio, pero su amigo no anda lejos en otros aspectos. Antonio no comprende, pero Marcial tiene una lógica y rápida explicación. Igual que Jhon Wayne personalizaba su pistola con muescas, Antonio también podría personalizar su bastón, de manera que no fuera un simple bastón. Sería EL BASTÓN DE ANTONIO. Un bastón con nombre y apellido.

A Antonio le gusta la idea: “su bastón de mando”, como en la mili.
Le gusta.
Lo visualiza.
Lo quiere.
Lo necesita.

Un bastón de mando

Pero entonces llega la gran pregunta, ¿cómo se hace un bastón a medida y a gusto de Antonio? Marcial se va a encargar de comprar la mejor madera para hacer un bastón: madera de cerezo. Luego hay que tallarlo, con los motivos que Antonio quiera, y tiene que ser un buen tallador el que lo haga. Marcial se va a ocupar también de enviarlo a tallar a un amigo de confianza. Marcial hará cualquier cosa para que su gran amigo se sienta mejor. Para que los achaques que poco a poco le van sobreviniendo, le resulten más livianos. Todo es poco para Antonio.

Llega Begoña después de hacer las compras y nada más aparecer Antonio le dice: “Ya tengo solución para mi pérdida de equilibrio: Marcial me va a hacer un bastón de mando. A partir de ahora, veremos quién manda a quién hacer las cosas”; y ambos amigos se echan a reir.

Begoña no entiende, pero cuando las mentes de Antonio y Marcial empiezan a funcionar juntas y al unísono, mejor mantenerse alerta, muy alerta. Algo se avecina.

¿Qué consigue Antonio con su bastón de mando?
– Mejorará en su equilibrio.
– Le dará seguridad y confianza a la hora de pasear. Se refuerza la autoestima.
– La personalización de su bastón hará que lo reconozca más fácilmente.

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Begoña, la cuidadora

Begoña es una mujer de mediana edad que se dedica al cuidado de ancianos. Desde hace unos meses cuida a Antonio, un veterano mecánico de coches de 80 años. Begoña, con su carácter fuerte y marcado, pero a la vez amable y comprensiva, se esfuerza para que Antonio se valga por sí mismo.

En su quehacer diario Begoña dará paseos con Antonio, le ayudará a ejercitar su mente y movilidad con pequeñas tareas domésticas, y realizarán pequeños encargos para motivar la rutina diaria.

Antonio, que considera a Begoña “la versión femenina de su sargento en la mili”, le pondrá más de una traba con su cabezonería y con la ayuda de su amigo Marcial, con el que queda de vez en cuando para tomar una cafelito.

Recuérdame que recuerde: la cuidadora de personas mayores

El objetivo de Begoña está claro: que Antonio mantenga un plan de ejercicio físico diario y refuerce su equilibrio, entre otras muchas cosas. Pero Antonio, es mucho Antonio y no será tarea fácil para Begoña.