Carta de Miguelito a SS.MM los Reyes Magos de Oriente

Miguelito está como loco. ¡¡¡Llegan las Navidades!!!! Miguelito piensa en todo lo que tiene por hacer: tiene que escribir una felicitación a su amiga Susi… y ¡como no!, tiene que escribir la carta a los Reyes Magos. Pero para escribir su carta, siempre le pide ayuda a su abuelita.

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El saber no comprende de edades

Hoy la madre de Ana acude al centro de día como todos los días. Ana, le da un beso a su madre en la mejilla, y ésta entra al centro con una sonrisa de oreja a oreja pensando qué le deparará hoy el día: una nueva actividad, una excursión, una nueva compañera…

En plena jornada laboral, Ana recibe una noticia impactante. Una compañera le comenta que están circulando unos rumores, que afirman que un jefe de la empresa se ha marchado con una gran suma de dinero, y por esa razón están pensando en hacer algunos “cambios”. Ana se queda impactada con semejante notición, y enseguida piensa en su madre… “¡qué razón tenías mamá!” piensa Ana.

Ana recuerda que su madre le había contado infinidad de veces la infancia tan dura que tuvo. La madre de Ana fue la segunda de cinco hermanos, y en aquellos tiempos tuvo que ponerse a trabajar bien joven, para poder llevar dinero a su familia. En la escuela aprendió lo básico: a leer y a escribir… pero la madre de Ana, siempre tuvo claro que tan importante como trabajar, era aprender bien a hacer cuentas. De esa manera, tal y como decía la madre de Ana “nunca te podrán engañar”. ¡Qué razón tenía su madre! ¡Qué importante era saber hacer cuentas, contabilidad y demás entresijos económicos para no ser engañado!

Mientras las compañeras despotricaban en el café sobre posibles cambios venideros, Ana cogió el teléfono e hizo una llamada.

Por la tarde, y como todas las tardes, Ana fue a recoger a su madre, que en cuanto la vio, se dio cuenta de que a su hija le pasaba algo. De igual manera, Ana se dio cuenta de que su madre estaba más contenta de lo normal: algo había pasado en el centro de día. Después de un cariñoso beso, Ana le preguntó a su madre qué tal día. La anciana, risueña y orgullosa sacó un papel que escondía detrás de su espalda y le dijo: “hoy he ganado un diploma”. Ana, orgullosa cogió el papel y leyó: “a la más rápida haciendo sumas”. A pesar de que la madre de Ana poco a poco iba perdiendo la memoria por su enfermedad, en el centro se encargaban de mantener aquellas capacidades que aun pudiera trabajar de manera óptima, el mayor tiempo posible. A su vez, la madre de Ana le preguntó a su hija qué tal su día… algo notaba la anciana en la expresión de Ana. Las madres siempre notan que a sus hijos les pasan algo. Hay veces que aciertan, y otras no… pero por lo general, la madre de Ana, siempre daba en el clavo.

Ana miró a su madre y le dijo: “¡Nada mama. Hoy me he apuntado a un curso para aprender hacer cuentas!”. La madre de Ana miró a su hija con orgullo. Sin duda, había salido a ella.

Ana empezó su primer día en el curso de contabilidad avanzada para administrativos en activo. “Hola, soy Ana y vengo a aprender hacer cuentas.recuerdame_que_recuerde_cuentas_aprender

Una carta para recordar en la memoria

Recuérdame que recuerde: una carta en la memoriaEste blog nace de una carta que me encontré de manera inesperada en un asiento de un parque de juegos. Estaba con mi portátil redactando un informe, cuando un señor de avanzada edad que estaba sentado a mi lado, se alejó con su nieta que ya se había aburrido de jugar. Continué con mi tarea de ese día y cuando fui a marcharme, me encontré con un papel doblado junto a mi bolso. Era un papel que parecía haber sido arrancado de un bloc. Mi curiosidad pudo con mi discreción, y no pude evitar desdoblar el papel y leerlo. Era una carta que me conmovió y que me impulsó a hacer este blog y a la temática a la que va dirigida: actividades para hacer con personas mayores, y que consigan de una manera sencilla y divertida convertir un día monótono, en un día diferente y especial.

La carta, decía así:

Querida Sara,

Todavía eres muy pequeña para entender por qué tu abuelo tiene una memoria tan mala. Por eso te escribo esta carta, para que la leas dentro de unos años, y puedas entender qué es lo que me pasa.
Hoy el médico me ha dicho que tengo una enfermedad que va a hacer que me vaya olvidando de las cosas. Y tú te preguntarás “¿De qué cosas te vas a olvidar?”. Al principio me iré olvidando de cosas pequeñas; luego de cosas cotidianas como de cómo se pone la mesa, o de cómo voy a casa de tu tía. Luego de cosas más importantes como de mi nombre, y lo peor: de los vuestros, mi familia.

Quiero pedirte algo muy sencillo, pero muy costoso: quiero que ayudes a este olvidadizo abuelo tuyo a recordar todas esas pequeñas, pero importante cosas. Quiero que me ayudes a recordar cómo tengo que poner la mesa, cómo tengo que ir a casa de tu tía, y sobre todo quiero que me repitas una y otra vez tu nombre. Mi vieja cabeza no será capar de acordarse de muchos detalles, pero mi duro corazón nunca podrá olvidar mi amor por ti.

Recuérdame que recuerde, y no me dejes olvidar.

Tu abuelo Manuel

¡Bienvenidos!