Oir campanas, y no saber dónde

Hoy la abuela López se ha propuesto que el abuelo vaya a hacerse una revisión de oído… ¡¡¡está más sordo que una tapia!!!

El abuelo no quiere oír hablar ni de revisiones, ni de posibles aparatos del oído. Él oye perfectamente; lo que pasa es que a veces no presta la suficiente atención, y por eso según él, no oye todo lo que le dicen.

Pero la abuela tiene sus razones para querer que su marido vaya al centro de audición a que le hagan un estudio en profundidad. El otro día nada más y nada menos, mientras preparaba la paella necesitó la ayuda de su marido y le dijo: “abuelo acércame el azafrán”. Raudo y veloz, el abuelo que quiso complacer a su esposa se presentó con el delantal en la mano… ¿delantal? “¡Abuelo! Te he dicho que me pases el azafrán, no el delantal”. La abuela rió a más no poder… pero también se quedó preocupada por su marido, que se enfadó mucho tanto por la risa de su mujer, como por su equívoco.

Hoy, convencida de acompañar a su marido al centro de audición, le dice antes de salir a la calle: “¿Ha refrescado?”. El abuelo ojiplático le responde a su mujer: “¿Para qué voy a querer yo ahora pescado?”. La abuela, con una sonrisa de oreja a oreja, se acerca a su marido y le dice: “Tú y yo nos vamos ahora mismo a que te vean esos oídos, que me montas una pescadería en menos que canta un gallo”.

El abuelo no tiene escapatoria, esta vez ni siquiera ha oído campanas. Asiente a su mujer y mientras se dirigen al Centro de audición piensa que si consigue oír mejor todo lo que hablan a su alrededor, podrá intervenir en las conversaciones, cosa que muchas veces no hace, porque no se entera de lo que habla su familia.

Cuando el matrimonio abre la puerta del establecimiento, el abuelo sonríe de oreja a oreja y piensa: “Ahora se van a enterar todos éstos. ¡No se me va a escapar ni un cuchicheo!.

Es importante realizar revisiones periódicas de audición a partir de que empecemos a sentir que perdemos audición.
Un déficit en la audición, puede provocar una mala interpretación de lo escuchado; y posteriormente una errónea interpretación de lo ya escuchado. Esto puede desencadenar en errores de interpretación, enfados, etc…
Con una audición no revisada se adquieren malos hábitos como: exceso de volumen en radios y tv, reiterar excesivamente repeticiones, etc.
En el ejemplo de los López, con una audición reducida, se pierde comunicación en la pareja.

Beethoven

Imagen tomada de Wikimedia Commons

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