Problemas a pares

¡Jolines, esto es un rollo!” dice Miguelito;  a pesar de estar ya de vacaciones, tiene que seguir haciendo matemáticas.

Miguelito ha sacado buenas notas al final de curso, pero las mates se le resisten un poco, y su profesora le dijo a la madre de Miguelito, que sería conveniente que reforzara durante el verano los conocimientos adquiridos.

La abuela Marta aparece en la sala y regaña a Miguelito por estar pensando en babia, y no en sus deberes. Cuando el niño ve a su abuela, se le enciende una bombilla y piensa que su abuelita podría ser su gran ayuda para terminar cuanto antes su tarea, e irse a jugar con su amiga Susi. De esta marea le estaría ayudando a su abuela, ¿no dijo el médico que tenía que mantener la mente siempre activa? ¿qué mejor que hacer los deberes con él para ejercitar la mente?

¡Dicho y hecho! Es la solución perfecta: su abuela Marta le ayuda a él, él ayuda a su abuela y su madre se pondrá feliz como unas castañuelas. ¡Qué grande es Miguelito cuando se pone a pensar!

Miguelito llama a su abuela, y le pide que le eche una mano con sus deberes. La abuela Marta que se deshace por su nieto, y se siente especial porque le pida ayuda, toma asiento y le pide que le lea el problema. La abuela, enseguida empieza a hacer funcionar su cabeza y le da al niño la respuesta que necesita. Miguelito llena de alabanzas a la anciana, que se siente como la gran ganadora de uno de esos concursos de la tele. El premio: ver lo feliz que está su nieto.

Miguelito no contento con que la abuela le haya ayudado una vez, sigue poniendo a prueba la memoria de Marta con sumas, restas, seguidas… Marta está exhausta, pero contenta a la vez de que su nieto le alabe tanto. En un momento de euforia de ambos, la puerta de la calle se abre y entra la madre de Miguelito, que de manera inmediata se da cuenta de las tretas de su hijo. Miguelito explica a su madre el favor que se están haciendo la abuela y él, y que en definitiva él lo hace por mantener activa la mente de la abuelita Marta.

Marta que es gran defensora de su nieto, sale en su auxilio y explica a su hija que está haciendo de buena gana los deberes con el niño… además es una forma de mantenerse ocupada y distraída. “¿Ah si?”, dice la madre de Miguelito.

Resultado: a partir de este momento, Miguelito y Marta cuentan cada uno con sus respectivos deberes, para que puedan ir haciendo poco a poco todos los días. Y para más señas, los ejercicios de cada uno son diferentes, para que no se puedan copiar.

¡Abuela, esto es un rollo!”. La abuela Marta mira a su nieto y piensa que a pesar de que a ella no le gusta demasiado la piscina, mejor estarían allí, que haciendo los deberes…. Todo sea por ejercitar la mente…

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¿Qué se consigue con los “Problemas a Pares”?
· Efectivamente la abuela Marta ejercita su mente haciendo las cuentas sencillas que un niño le plantea. Problemas sencillos que no supongan gran esfuerzo para Marta, le refuerzan y le animan a seguir practicando.
· El trabajo en equipo con Miguelito resulta divertido.
· A pesar de que Miguelito se quiere “aprovechar” de su abuela, la ayuda que demanda de Marta, motiva a la anciana y le incita a seguir trabajando con humor.

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Un huevo de Pascua

Huele a chocolate. Se ve chocolate por todas partes. Se siente el chocolate.

Miguelito está como loco. Parece estar viviendo en un sueño, donde todo es de color marrón adornado con nubes de colores.

Miguelito tira de su abuela de un escaparate hacia otro: “abuelaaaaaaa, miraaaa”. “Uoooooh, ¡qué pasada!”. Todo está hecho a lo grande: grandes gallinas de chocolate, un huevo disfrazado de mexicano, también de chocolate; peces con recubrimiento de colores, también de chocolate. Pero lo más espectacular es una fuente que emana chocolate constantemente sin cesar. Esa fuente, incluso le ha impresionado a la abuela Marta.recuerdame_que_recuerde_fuente_chocolate_movilidad_memoria

Miguelito le pregunta a su abuela: “Abuelita, ¿Cuándo tú eras pequeña, había tantas figuras de chocolate?” Marta comienza a recordar. Recuerda que durante la Semana Santa iba a la iglesia. También recuerda las procesiones que iban a ver, ¡algunas de noche! Era de las pocas veces que trasnochaba. Pero no recuerda tanto chocolate. La verdad es que no recuerda que comiera chocolate como algo normal. En raras ocasiones, y nunca en Semana Santa. Pero sí recuerda los huevos de Pascua. Huevos cocidos a los que se les decoraba la cáscara. Unas pinturas y un poco de paciencia, hacían verdaderas obras de arte.

Miguelito que siempre piensa en su abuela le dice que le va a pedir a su madre que compre dos huevos de chocolate, de los bonitos, de los adornados. Uno para él, y otro para su abuela, que cuando era pequeña, no tuvo uno.

Este niño, sabe ser endiabladamente cariñoso y considerado sin quererlo. Es un niño que sabe cómo ganarse a su abuela, aunque no haga falta.

Los dos, cada uno con su huevo, lo van sacando cuidadosamente de su envoltorio. Miguelito está ansioso por comérselo, y Marta, un poco más lenta que Miguelito se afana en soltar el lacito, y el plástico que envuelve su huevo de Pascua, para hincarle el diente, con las mismas ganas que su nieto.

Nunca un huevo de chocolate de Pascua le supo mejor a Marta.

¿Qué conseguimos con el huevo de Pascua?
– Marta trabaja la memoria al recordar cómo eran los huevos en su época de juventud.
– Trabaja la destreza manual, atención y concentración al desenvolver cuidadosamente y con paciencia el huevo.
– Comer algo que asiduamente no come, hace que a través de los sabores rememore experiencias y épocas anteriores. Si le animamos a que nos las cuente, haremos un trabajo de memoria extra excelente.

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